Capítulo 109. La autopsia del enemigo.
Fuera, en el patio, el ruido de los preparativos militares era constante: voces de mando, botas contra la grava, el sonido metálico de armas cargándose. Pero dentro del despacho del abuelo, el silencio era absoluto.
Massimo cerró la puerta de roble, aunque sin llave. Dejó su rifle nuevo sobre el sofá de cuero y se sentó en el escritorio enorme.
Diana estaba al otro lado de la mesa. Había dejado a Alessandro con Andrea en la cocina, que ahora era el lugar más seguro de la casa, custodiado por do