Capítulo 108. La llegada de Renzo.
Massimo caminó hacia él y, sin decir nada, lo abrazó. Un abrazo fuerte, de esos que te sacan el aire.
Renzo se sorprendió, pero le devolvió el abrazo, dándole palmadas en la espalda.
—Epa, epa... —dijo Renzo—. ¿Tan mal estuvo la cosa?
Massimo se separó y lo miró a los ojos.
—Nos salvaste, socio. Llamaste a mi padre.
Renzo se encogió de hombros, quitándose las gafas.
—Alguien tenía que hacerlo. Tú eres demasiado orgulloso. Sabía que Conrad no iba a jugar limpio, así que pedí refuerzos a la Liga