Capítulo 102. La espera.
Terminaron de cubrir el suelo falso con las cajas de aceitunas sucias. Ahora, el vehículo parecía simplemente un transporte de vuelta al mercado después de un reparto nocturno. Nadie sospecharía que llevaba millones en oro bajo la madera podrida.
Massimo agarró a Renzo por el brazo y lo apartó unos metros, lejos del oído de Agata y de Marco.
—Escucha bien, Renzo —dijo Massimo en voz baja, muy serio—. En Palermo, vas directo a ver a Don Vito. Es el contacto que aparecía en el libro del abuelo.
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