Capítulo 107. La voz del león.
El patio de la Rocca ya no parecía una granja vieja. Parecía una base militar.
Los hombres de Darío, vestidos de gris táctico, se movían rápido. Dos de ellos estaban revisando las furgonetas quemadas de los mercenarios. Otro estaba instalando una antena satelital portátil cerca del pozo.
Andrea salió de la cocina con una bandeja grande y manos temblorosas. Llevaba una cafetera enorme y vasos de plástico.
—Tomen, hijos, tomen —decía la mujer, sirviendo café a los soldados como si fueran sus niet