Las sirenas rompieron el silencio de la calle. Un sonido agudo, urgente, que cortaba el aire como una advertencia imposible de ignorar.
La ambulancia se detuvo con un chirrido frente al amasijo de metal que alguna vez había sido el vehículo de Jeremy.
Todo sucedió rápido.
Puertas que se abrían.
Pasos firmes sobre el asfalto.
Voces que se superponían.
—Masculino, aproximadamente treinta años—dijo uno de los paramédicos mientras se acercaba al lado del conductor—. Inconsciente.
El otro ya