El murmullo distante de la música seguía vibrando en las paredes del Área VIP, pero allí dentro el mundo parecía moverse a otro ritmo, uno más lento, más íntimo, más peligroso. Jeremy cerró la puerta tras ellos con suavidad, sin apartar la mirada de Diana ni un solo segundo, como si temiera que al hacerlo ella desapareciera o, peor aún, se convirtiera en alguien inaccesible. Las luces tenues dibujaban sombras suaves sobre el rostro de ella, resaltando la elegancia natural que ni el vestido más costoso podría superar. Diana permanecía de pie, su respiración aún ligeramente agitada, pero su postura firme revelaba una fortaleza que Jeremy no había dejado de admirar desde el primer momento en que la vio. Él dio un paso hacia ella, despacio, midiendo la distancia, midiendo el momento, como un hombre que sabía que cualquier movimiento en falso podría romper algo invisible pero invaluable. —¿Estás bien? —preguntó finalmente, su voz más baja que de costumbre, cargada con una preocupación qu
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