El despacho de Jeremy Ambrosetti permanecía en silencio un silencio profundo, elegante, casi imponente, como todo lo que llevaba su nombre, las paredes revestidas en madera oscura, los ventanales amplios dejando entrar la luz grisácea de la mañana inglesa, y en el centro, la gran pantalla encendida que no dejaba de mostrar cifras que parecían sangrar en rojo. Diana estaba sentada en la silla principal. La silla de Jeremy. Sus manos reposaban sobre el escritorio, pero su mirada estaba fija en la pantalla. Gráficos descendentes. Acciones desplomándose. Transferencias vacías.Pérdidas.Pérdidas que no eran simples números.Eran estructuras cayendo.Decisiones fallidas.Traiciones ejecutadas con precisión.Diana no parpadeaba.No necesitaba que nadie le explicara lo que estaba viendo. Lo entendía perfectamente.Porque más allá de lo que muchos creían…Más allá de la etiqueta de “esposa invisible”…Diana sabía.Siempre supo.Su formación no había sido casual.Había aprendido.Había observa
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