La oficina estaba en silencio.
Un silencio distinto al de días anteriores.
Ya no era el ruido del colapso.
Ni la presión de decisiones urgentes.
Era un silencio… final.
Sobre el escritorio, perfectamente alineados, estaban los últimos documentos del Conglomerado Ambrosetti en Estados Unidos, reportes cerrados, balances definitivos, confirmaciones legales… todo aquello que certificaba lo inevitable.
El imperio había caído.
Y no había nada más que discutir al respecto.
Jeremy Ambrosetti estaba de