El día del sepelio amaneció gris.
No era una tormenta.
No había lluvia intensa ni viento violento.
Pero el cielo estaba cubierto, pesado.
Como si incluso el clima entendiera que ese no era un día cualquiera.
La Mansión Fontaine se encontraba en un estado de actividad contenida. Todo estaba listo. Todo había sido organizado con una precisión impecable. Flores blancas alineadas con exactitud, vehículos dispuestos en orden perfecto, personal moviéndose con discreción absoluta.
Nada podía fallar.
N