El sonido de la puerta al abrirse fue suave.
Controlado.
Pero suficiente para romper la calma que aún permanecía en la habitación.
Evans Fontaine entró sin hacer ruido, cerrando tras de sí con la misma precisión que lo caracterizaba. El ambiente aún conservaba ese aire íntimo de la madrugada, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de ese espacio, ajeno a las decisiones que ya habían sido tomadas fuera de él.
Edith estaba despierta.
Sentada al borde de la cama.
No lo miró de inmediato, per