POV SCARLETTEl trayecto de vuelta a la dacha fue un funeral de silencio. Klaus mantenía su mano sobre la mía, pero yo sentía que mi piel estaba hecha de cristal a punto de estallar. El dispositivo de hackeo pesaba en mi bolsillo como un trozo de uranio, quemándome el muslo, quemándome el alma.“El Zar oculta el cuerpo de tu madre. No fue el accidente lo que la mató”.Las palabras se repetían en mi mente con el ritmo de un tambor de guerra. Si Klaus me había mentido sobre eso, si el accidente en Londres no fue el final de mi madre, entonces cada beso, cada transfusión y cada promesa de protección eran cenizas.En cuanto entramos en la dacha, Klaus se quitó el abrigo y se giró hacia Mateo para darle órdenes sobre la seguridad periférica. Yo no esperé. Caminé directamente hacia la biblioteca, el único lugar donde el olor a papel viejo y madera podía, quizás, darme un segundo de paz. Pero no hubo paz.Cerré la puerta con un estruendo y me derrumbé contra ella. Mis sentidos, esos malditos
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