POV Adriana.El vestido rojo sangre fue idea de mi madrastra.—Tienes que verte imponente esta noche, Adriana —dijo Camila esa tarde, sosteniendo el vestido contra mi cuerpo con esa sonrisa perfecta que nunca alcanzaba sus ojos—. Tu padre está a punto de entregarte un imperio. La gente necesita verte como la reina que serás.Reina. La palabra me quemó en la garganta. No quería ser reina. Quería ser la hija de Rodrigo Santoro, nada más. Pero mi padre había decidido que era hora, y cuando Rodrigo Santoro tomaba una decisión, el universo se doblaba para complacerlo. Hasta esa noche.La mansión Santoro brillaba como un palacio cuando bajé las escaleras. Luces doradas iluminando cada rincón. Música de orquesta filtrándose desde el salón principal. Doscientos invitados. Aliados, socios, enemigos disfrazados de amigos. Todos ahí para presenciar el momento en que Rodrigo Santoro, rey del imperio de casinos y drogas, pasaba la corona a su hija.—Estás hermosa —dijo papá cuando me vio. Llevaba
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