POV Adriana.Desperté desorientada.No sabía dónde estaba. No sabía qué día era. No sabía...¿Quién soy?El pánico me golpeó como una ola helada. Intenté sentarme, pero el dolor en mi costado derecho me hizo gritar.—¡Por Dios, niña! —Una voz de mujer mayor resonó en la habitación—. Pensé que no despertarías nunca.Giré la cabeza con dificultad. Una mujer de unos sesenta años, cabello gris recogido en un moño, ojos cálidos y arrugados por la edad, se acercaba con expresión aliviada.—¿Quién es usted? —pregunté con voz ronca, áspera por el desuso—. ¿Dónde estoy?—Tranquila, tranquila. —Se sentó en el borde de la cama, tocando mi frente con mano gentil—. Mi hijo te trajo. Él fue el taxista que te recogió.—¿Qué taxista? ¿De qué habla?—Cálmate, niña. Dormiste por dos semanas. Es normal que estés confundida, que no recuerdes todo inmediatamente. —Se puso de pie—. Déjame traerte algo de comer y beber. No te muevas mucho, tu herida aún no sana completamente.Salió de la habitación antes de
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