NARRADOR.La mansión Santoro brillaba bajo las luces nocturnas como una joya oscura. Desde la muerte de Rodrigo, Valentina había rediseñado cada espacio para borrar cualquier rastro del hombre que nunca la consideró digna de heredar. Ahora, sentada en el estudio que alguna vez fue su santuario, bebía vino tinto mientras su madre observaba la ciudad desde el ventanal.—Nada funciona —dijo Valentina, su voz cargada de frustración—. He intentado todo, mamá. Absolutamente todo.Camila se giró, su expresión era la de una depredadora evaluando a su presa. A sus cincuenta años, seguía siendo hermosa de esa manera calculada que viene del dinero y la cirugía. Pero sus ojos—esos nunca mentían. Eran fríos, calculadores, vacíos.—Define "todo" —dijo Camila, sirviendo vino en su propia copa.—Insinuaciones. Ropa provocativa. Toques casuales. —Valentina apretó el vaso con fuerza—. Incluso le ofrecí directamente acostarme con él después de la fiesta de compromiso. ¿Sabes qué hizo? Me rechazó. Me dij
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