POV Adriana
Al día siguiente me sentía mejor.
La herida todavía dolía, pero el dolor constante había disminuido a una molestia sorda. Ya no podía quedarme en cama sintiéndome inútil.
—Necesitas descansar, niña —dijo María cuando me encontró levantada a las siete de la mañana.
—Ya descansé suficiente. Déjame ayudarte con algo. Por favor.
María suspiró, pero sonrió. —Está bien. Pero nada pesado. Tu herida apenas está sanando.
Me dio ropa de su nieta. "Ella vive en la ciudad, viene de vez en cuand