53. No lo sabrás, si no lo intentas
GaelMe despierto antes que ella, pero no es por disciplina ni por costumbre. Durante años mi cuerpo se ha acostumbrado a levantarse temprano, a obedecer el ritmo del hockey como si fuera una religión, pero esta vez no es eso lo que me arranca del sueño.Es otra cosa.Una inquietud espesa, un nudo en el pecho que no me deja seguir descansando como si nada hubiera cambiado.La luz gris de la mañana entra por las cortinas, suave, casi tímida, como si el mundo también estuviera indeciso. Me quedo quieto unos segundos, escuchando el silencio de la casa, sintiendo el calor de otro cuerpo junto al mío.Entonces giro el rostro, despacio, y la veo.Anabel duerme de lado, con el cabello desordenado sobre la almohada, los labios apenas entreabiertos, respirando con esa calma que solo tiene alguien que todavía no está peleando contra sus propios pensamientos.Hay algo dolorosamente íntimo en verla así.No maquillada.No actuando.No intentando ser fuerte.Solo ella.Real.Vulnerable.Trago saliv
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