AnabellLa casa huele a madera vieja y a polvo removido, como si hubiese estado esperando durante años a que alguien volviera a respirar dentro de sus paredes. Estoy en medio de la sala, con la luz de la tarde filtrándose por las ventanas altas que mi padre mandó a poner cuando yo tenía diez años, y siento que el tiempo aquí no ha pasado. Giro sobre mis talones lentamente, repasando cada rincón, cada grieta en el techo, cada marca en el suelo de madera que yo misma hice cuando arrastraba los muebles jugando a que redecoraba la casa.Miro a Mel, que está de pie junto a la chimenea, observándolo todo con curiosidad, y me obligo a sonreír.—Bueno, ¿qué te parece?Ella da una vuelta sobre sí misma, como si quisiera absorberlo todo de un vistazo, y luego me mira.—La verdad es que es exacta a como me habías dicho que era cuando estábamos en la universidad.Una risa pequeña se me escapa.—Sí… la verdad es que está igual que siempre.Y eso es lo que más duele.Igual.Como si nada hubiese pas
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