62. Recuperar lo que es mío
AnabellEl apartamento es tan pequeño que cada movimiento parece amplificado. La cremallera de la maleta suena más fuerte de lo que debería. El roce de la tela contra el suelo resuena como si estuviera empacando no solo ropa, sino decisiones.Mel está sentada en la orilla de la cama, observándome en silencio mientras doblo una blusa con más cuidado del necesario. No es que quiera que todo quede perfecto; es que si me detengo a pensar demasiado, corro el riesgo de desmoronarme otra vez.—¿Segura que solo quieres irte por unos cuantos días? —pregunta finalmente, rompiendo el silencio—. Porque ahora tienes la casa, podrías simplemente vivir allí.No levanto la mirada de la maleta.Niegan mis labios antes que mi cabeza, pero por dentro la pregunta se clava como una espina. Claro que lo he pensado. Claro que he imaginado quedarme en esa casa y cerrar el mundo afuera, como si las paredes pudieran protegerme del dolor.—No —respondo con calma estudiada—. Lo cierto es que no quiero vivir allí
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