56. Ojalá hubiese estado equivocada
Anabel
Estoy sonriendo como una idiota mientras me miro al espejo.
No debería sentirme así por un almuerzo. No debería importarme tanto algo tan simple como ir a buscar a mi novio al entrenamiento. Pero la palabra novio se desliza por mi mente con una suavidad nueva, todavía frágil, y me hace cosquillas en el estómago.
Gael.
Anoche fue distinto. No solo por la forma en que me tocó o me besó, sino por cómo me miró esta mañana, cuando todavía estaba medio dormido y me dijo que olía a café y a hog