53. No lo sabrás, si no lo intentas
Gael
Me despierto antes que ella, pero no es por disciplina ni por costumbre. Durante años mi cuerpo se ha acostumbrado a levantarse temprano, a obedecer el ritmo del hockey como si fuera una religión, pero esta vez no es eso lo que me arranca del sueño.
Es otra cosa.
Una inquietud espesa, un nudo en el pecho que no me deja seguir descansando como si nada hubiera cambiado.
La luz gris de la mañana entra por las cortinas, suave, casi tímida, como si el mundo también estuviera indeciso. Me quedo