50. ¡Quiero que te importe!
LyraCierro la puerta de la habitación detrás de mí y apoyo la espalda en la madera como si hubiera corrido kilómetros, aunque mis pies apenas han dado unos pasos desde el estudio. El silencio me golpea de lleno, espeso, casi ensordecedor. No hay voces, no hay órdenes, no hay miradas pesadas siguiéndome por los pasillos del castillo. Solo yo… y el eco de sus palabras.Luna y reina de la frontera.Trago saliva. El pecho me duele de una forma extraña, incómoda, como si alguien hubiera apretado algo dentro de mí y no pensara soltarlo pronto. No entiendo por qué me siento así. Debería sentir alivio. Protección. Seguridad. Eso es lo que se supone que significa todo esto, ¿no?Pero no.Hay algo que me raspa por dentro, algo ridículo que me avergüenza incluso admitir. Una parte estúpida de mí —ingenua, infantil— había imaginado que, si algún día alguien decía que yo era su pareja, sería porque me deseaba de verdad. No por estrategia. No por conveniencia. No como si yo fuera una ficha más en
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