42. Despierta
Corre.
La palabra no se va de mi cabeza.
Corre.
Corre.
Corre.
La voz de Alaric me atraviesa incluso cuando ya no lo veo, incluso cuando mis pies se hunden en la tierra húmeda del bosque y las ramas me arañan la piel al pasar. No sé cuántos pasos doy ni hacia dónde, solo sé que obedezco porque su orden no fue una sugerencia: fue un rugido.
Me escondo detrás de un tronco caído, me agacho, contengo la respiración. El corazón me late tan fuerte que temo que me oigan solo por eso.
El aire vibra.
No