41. Luna prohibida
Alaric
—Te he dado una orden, Lyra —gruño, sintiendo cómo la rabia me sube por la garganta—. ¡Corre!
La duda cruza su rostro apenas un segundo. Un maldito segundo que podría costarnos la vida. Mis colmillos se tensan.
—¡Corre! —repito, esta vez dejando que mi voz de alfa atraviese el bosque como un latigazo.
La veo girarse al fin. Sus pies golpean el suelo húmedo, torpes al inicio, pero luego más firmes. Corre. Se interna entre los árboles, obedeciendo al fin.
Solo entonces me permito girar comp