50. ¡Quiero que te importe!
Lyra
Cierro la puerta de la habitación detrás de mí y apoyo la espalda en la madera como si hubiera corrido kilómetros, aunque mis pies apenas han dado unos pasos desde el estudio. El silencio me golpea de lleno, espeso, casi ensordecedor. No hay voces, no hay órdenes, no hay miradas pesadas siguiéndome por los pasillos del castillo. Solo yo… y el eco de sus palabras.
Luna y reina de la frontera.
Trago saliva. El pecho me duele de una forma extraña, incómoda, como si alguien hubiera apretado al