46. Luna prohibida
Lyra
El bosque no vuelve a respirar con normalidad hasta que dejamos atrás la última sombra.
Mis piernas arden, el pecho me duele al aspirar y siento el lirio en mi frente todavía tibio, como si se negara a apagarse del todo. Corremos en silencio, apenas el crujir de las hojas bajo nuestros pasos y el latido furioso de mi corazón marcando el ritmo. No me atrevo a mirar atrás. No quiero comprobar si aún nos siguen.
La mujer corre delante de nosotros, ligera pese a la edad que aparenta. No se mue