LyraEl comedor está demasiado silencioso para mi gusto.No es el silencio tranquilo de las mañanas comunes, sino uno denso, cargado, como si todos los muros supieran lo que pasó anoche y estuvieran esperando a ver qué hago con ello.Entro con el cuerpo tenso, los hombros rígidos, y apenas cruzo el umbral me doy cuenta de que no es solo Alaric quien me espera.Él está ahí, por supuesto. Sentado en la cabecera, espalda recta, presencia dominante como siempre. A su derecha está Ismael, relajado solo en apariencia. Frente a ellos, Miriam, con esa calma inquietante que nunca sé si tranquiliza o amenaza. Y, para mi sorpresa, Mel también está sentada a la mesa, mirándome con una mezcla de alivio y preocupación que me aprieta el pecho.El aire se me queda atrapado en los pulmones.—Buenos días —digo, y mi voz suena más firme de lo que me siento.Evito mirar a Alaric. No porque no quiera, sino porque no sé qué pasará si lo hago. Todavía tengo el cuerpo lleno de recuerdos del beso, de su peso,
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