Capítulo 43: El Vuelo del Fénix sobre el SenaEl estruendo del primer impacto de plasma contra la estructura superior de la Torre Eiffel no fue un sonido, sino una sacudida que recorrió los huesos de Alaric e Isolde. El hierro centenario, que había resistido el tiempo y las guerras, gimió bajo el calor insoportable de los cañones del Consejo. Fragmentos de metal incandescente caían como meteoritos sobre el Campo de Marte, mientras la antena, ahora purificada por la resonancia plateada de Isolde, se retorcía como un nervio expuesto.Alaric se puso en pie, tambaleándose, con los oídos zumbando. La visión de las naves pesadas acercándose en formación de cuña, bloqueando el sol de París, le devolvió la frialdad del guerrero. Pero al mirar a Isolde, colapsada y pálida, su corazón de hombre se impuso al de soldado.—¡Isolde! ¡Despierta! —rugió él, tomándola por los hombros. El niño, protegido por el blindaje de Marcus, lloraba con una fuerza que parecía ser lo único que mantenía la realidad
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