Capítulo 45: El Refugio de los Dioses Caídos
El Palacio del Louvre se alzaba sobre ellos no como una base militar, sino como un mausoleo de la belleza humana, un laberinto de mármol y ecos donde el tiempo parecía haberse detenido. Al atravesar la Pirámide Invertida, el ruido de la revolución en las calles de París se transformó en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el roce de sus botas contra el suelo pulido.
Alaric se detuvo en seco bajo la luz cenital que se filtraba por los cristal