Capítulo 48: El Velo de la Bruma Norteña
El viaje hacia la costa de Normandía fue un descenso a un mundo de grises y silencios que contrastaba con la euforia dorada que habían dejado atrás en París. A medida que el vehículo de la Resistencia devoraba kilómetros de carreteras agrietadas, el paisaje se volvía más salvaje, más indiferente a las guerras de los hombres. Los campos de trigo abandonados se mecían bajo un cielo de plomo, y el aire que entraba por las ventanillas empezó a oler a salitre