MEGANEl restaurante resulta incluso más hermoso de cerca que desde la distancia.Nos conducen hasta una mesa ubicada prácticamente sobre la playa. Desde allí el océano parece extenderse infinito frente a nosotros, con un azul tan intenso que por momentos parece irreal. La brisa mueve suavemente los manteles blancos mientras el sonido de las olas acompaña cada segundo de la mañana. Cualquier otra persona diría que es el lugar perfecto para empezar unas vacaciones.Yo solo espero que el desayuno no termine en otra discusión.Tomamos asiento frente a frente y, durante los primeros minutos, ninguno de los dos dice absolutamente nada. Un camarero nos sirve café recién hecho, jugo de naranja natural, fruta tropical cortada, una cesta con distintos tipos de pan, mantequilla, mermeladas y, unos minutos después, un desayuno caliente con huevos, panqueques y tocino. Todo luce impecable, preparado con una dedicación casi exagerada.Sin embargo, apenas puedo concentrarme en la comida.Levanto la
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