ASHERCaminar a su lado vuelve a sentirse tan natural que, por momentos, olvido que pasaron tres años desde la última vez que recorrimos una calle sin discutir.Megan va unos pasos delante de mí, deteniéndose frente a cada puesto de artesanías como si quisiera descubrir absolutamente todo lo que ese pequeño pueblo tiene para ofrecer. La veo reír con una anciana que intenta convencerla de comprar un sombrero tejido a mano, la escucho agradecer cuando un músico le dedica una canción al pasar y sonrío para mis adentros al notar que, aunque la vida la golpeó con una crueldad injusta, todavía conserva esa capacidad de maravillarse por las cosas pequeñas.Había olvidado cuánto extrañaba verla feliz.No feliz del todo, porque sé que aún carga un dolor inmenso. Eso puede verse en su mirada cada vez que cree que nadie la observa. Pero sí lo suficientemente tranquila como para volver a sonreír sin esfuerzo.Y eso, para mí, ya es una victoria.Todavía me cuesta creer lo que pasó entre nosotros.
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