44.
ASHER
Las palabras de Megan siguen resonando en mi cabeza incluso después de que ambos volvemos a concentrarnos en el desayuno.
"Pídeselo a Dios."
Nunca imaginé que una frase dicha con tanta tranquilidad pudiera pesar más que un grito.
Durante tres años enteros me acostumbré a pensar que la única forma de reparar el daño que causé era repetir una y otra vez cuánto lo lamentaba. Pedir perdón se convirtió en una necesidad, casi en un reflejo. Era la única manera que encontraba de demostrarle que