35.
ASHER
El jet comienza a moverse apenas unos minutos después de que el abogado abandona la aeronave.
Desde mi asiento observo por la ventanilla cómo la pista se aleja lentamente. Los motores rugen con fuerza bajo nuestros pies y, por primera vez desde que comenzó todo esto, no existe ninguna posibilidad de escapar.
Estamos solos.
Completamente solos.
A miles de metros de altura durante las próximas horas.
Y, curiosamente, eso no me preocupa tanto como la expresión que vi en el rostro de Megan de