Cenábamos los tres.Mi padre ya se sentía mejor. Tenía color en el rostro. Hablaba más. Hasta bromeó un par de veces. Era un sueño del que no quería despertar.—¿Así que Ezra, tienes algo con mi hija? —dijo mi padre, mirándolo con recelo.—Así es—respondió Ezra, con media sonrisa.—¿Papá cómo lo sabes? —pregunté algo avergonzada. Ni siquiera me había dado tiempo a decírselo, él solo lo intuyó.—Sin contar que duermen en la misma habitación —dijo levantando una ceja y me sonrojé —. Lo noté por cómo se miran.—¿Contamos entonces con su aprobación? —preguntó Ezra jueguetón. —Por ahora —dijo mi padre—. No me des motivos para cambiar de opinión.—No pienso hacerlo.Yo los miraba. A él. A mi padre. Los dos hombres más importantes de mi vida. Sentados a la misma mesa. Compartiendo pan. Compartiendo vino. Compartiendo techo. Incluso reían entre sí por las cosas que decía el otro. Yo apenas y me inmiscuía en la conversación, prefería simplemente verlos tan en paz, en armonía. Ojalá esto du
Ler mais