Ezra no mentía cuando dijo que me encerraría de ser necesario. No exageró ni una palabra. Cuando lo confronté ordenó a dos de sus hombres llevarme a mi habitación y encerrarme allí. Ellos lo hicieron, y por mucho que forcejeé no pude evitarlo. Al final la puerta se cerró con llave y quedé dentro. Ezra no quiso escucharme más, y eso me molestó muchísimo. Después de todo lo que ha pasado entre nosotros, él parece cegado por sus propios objetivos, y olvida que es mi padre quien está allá, en manos del monstruo de Renato. Pasé horas mirando la foto de mi padre.Sentada en el suelo, con la espalda contra la puerta. La imagen en el teléfono. Esa cara pálida. Esos ojos perdidos. Vivo. Después de tres años de creerlo muerto.Renato lo tuvo escondido todo este tiempo.Me mintió. Me usó. Me convirtió en su peón.Y yo caí.Miré la puerta. Los guardias estaban del otro lado. Los había escuchado apostarse después de que Ezra subió.—No voy a dejarte salir —me había dicho, antes de irse—. Lo sie
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