Dos meses.Dos meses desde el caos, desde la sangre, desde el momento en que todo estuvo a punto de romperse para siempre.Y sin embargo… ahí estábamos.Seguíamos en la casa de la playa. Lo que empezó como unos días para recuperarnos se convirtió en semanas. En una pausa necesaria. En un respiro que ninguno de los dos sabía cuánto necesitaba hasta que lo tuvo.La vida se volvió más simple.Las mañanas con los niños. Las tardes en la arena. Las noches largas, tranquilas, sin disparos, sin gritos, sin miedo.Mi vientre ya no estaba completamente plano. Era apenas un pequeño bulto, casi imperceptible para cualquiera… pero para mí lo era todo. A veces me sorprendía acariciándolo sin darme cuenta. Como si necesitara recordarme constantemente que esa vida estaba ahí. Que seguía creciendo. Que resistía.Esa noche, el aire estaba fresco.Caminábamos descalzos sobre la arena húmeda, con los dedos entrelazados, sin prisa, sin destino. Los niños se habían quedado dormidos hacía horas, agotados d
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