Capítulo 79: Alivio, y preocupación La mano de su madre permanecía inmóvil entre las suyas, caliente ahora, viva. Los monitores marcaban un ritmo constante que a Ariadne le sonaba a música, a esperanza, a todo lo que había estado a punto de perder.Pero no podía quedarse ahí para siempre. No podía seguir vistiendo ese maldito vestido un minuto más.Miró por la ventana. El sol ya estaba alto, pero ella había perdido la noción del tiempo. ¿Cuántas horas llevaba en esa silla? ¿Toda la noche? ¿Todo el día? El cuerpo le dolía, la cabeza le palpitaba, y la tela del vestido le raspaba la piel como si fuera papel de lija.No quería irse. Cada fibra de su ser le pedía quedarse ahí, velando a su madre, asegurándose de que ningún doctor volviera a entrar con malas noticias. Pero la razón le decía que necesitaba moverse, necesitaba ducharse, cambiarse, y pensar.Además, todavía sentía preocupación.Estaba preocupada de que su madre despertara y la viera así. Con ese vestido blanco manchado, el m
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