Capítulo 79: Alivio, y preocupación
La mano de su madre permanecía inmóvil entre las suyas, caliente ahora, viva. Los monitores marcaban un ritmo constante que a Ariadne le sonaba a música, a esperanza, a todo lo que había estado a punto de perder.
Pero no podía quedarse ahí para siempre. No podía seguir vistiendo ese maldito vestido un minuto más.
Miró por la ventana. El sol ya estaba alto, pero ella había perdido la noción del tiempo. ¿Cuántas horas llevaba en esa silla? ¿Toda la noche? ¿Tod