Capítulo 67: AmigoSin embargo, no podía negarse. No delante de este hombre, que claramente era un amigo, alguien importante en su vida. No quería que los demás sospecharan y que se preguntaran por qué su nueva esposa estaba contra la pared con una expresión de miedo.Así que asintió, y se volvió hacia Ariadne.Ella seguía ahí, pegada a la pared, inmóvil, como una estatua. Sus manos aún se aferraban al bolso contra su pecho, sus ojos aún estaban muy abiertos y su cuerpo temblaba ligeramente.Damián estiró el brazo hacia ella. Le ofreció la mano, con la palma abierta, en un gesto que cualquiera interpretaría como una invitación cariñosa de un esposo deseando presentar a su amada.Ariadne tardó en reaccionar.Miró su mano, extendida hacia ella, y no podía creerlo. Hace apenas unos segundos, esa misma mano estaba a punto de arrebatarle el bolso, de clavarse en su brazo, de encerrarla contra la pared. Y ahora se la ofrecía como si todo fuera un malentendido, como si entre ellos solo hubie
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