EMELY.Salimos de la casa. El viaje de regreso al hospital fue diferente; el silencio ya no era de rechazo, sino de una resignación dolorosa. Liam conducía con las manos más firmes, sabiendo que al menos Mara no despertaría sola.Al llegar al hospital de Elena, entramos directamente al ala privada. Mara estaba dormida, pero al sentir la presencia de su madre, sus ojos se abrieron con una mezcla de terror y esperanza. La madre se lanzó hacia ella, envolviéndola en un abrazo que olía a hogar, mientras Aarón se quedaba en el umbral, mirando a su hija con una tristeza que le encorvaba los hombros.—Perdóname, papá —susurró Mara, con la voz quebrada.Aarón no respondió con palabras. Se acercó despacio, le tomó la mano libre y la apretó con fuerza. No era el perdón total, pero era presencia. Y en ese momento, para una loba que estaba a punto de parir una tormenta, era suficiente.Me retiré hacia el pasillo, donde Olivar me esperaba con una taza de café y una mirada de aprobación.—Lo logras
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