EMELY.Bajo los escalones y cruzo la sala principal. Selene y Magnus se apartan a mi paso, reconociendo que ya no soy la mujer que subió hace unos minutos. Ahora soy el verdugo. Salgo de la mansión y el aire frío de la noche me golpea el rostro, mezclado con el olor a resina quemada.A unos metros, el Círculo de Fuego ilumina la oscuridad. Las llamas lamen el cielo y los miembros de la manada forman una pared humana de silencio y expectativa. En el centro del foso, encadenado y sangrando, me espera el error que voy a corregir hoy mismo.Cruzo la línea de fuego. El calor me envuelve, pero no me quema; me bautiza. Vargo levanta la cabeza, sus ojos amarillos buscan los míos. Se terminó el tiempo de las palabras. Mañana solo habrá cenizas.Veo a Sebastián, a Magnus y a Selene, todos con el rostro rígido, conteniendo el aliento. Soraia, la mujer de Garino, se ha quedado en la mansión custodiando a mis hijos, y ese pensamiento es el que me mantiene anclada al suelo.En el centro, el anciano
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