EMELY.Sentía que me estaba secando por dentro. No era solo el dolor del acero en mis entrañas, era algo mucho peor; la obsidiana no bebía mi sangre, estaba devorando mi luz, aferrándose a mi alma como una raíz venenosa. Sentía que me marchitaba, segundo a segundo, como si esa piedra negra me estuviera robando lo que me hacía estar viva.Y Kia... nunca la había sentido así. Mi loba, la que siempre era fuego y fuerza, estaba hecha un ovillo en un rincón de mi mente. Estaba asustada, Lloraba de puro pánico, escondida en la oscuridad de nuestra conexión, aterrada de que esa sombra la alcanzara a ella también.—Amor, resiste... —me suplicó Olivar, apretando mi mano con una desesperación que me rompía el corazón—. Ya viene Sebastian, él sabe de esto, nos dirá qué hacer con esta maldita daga. Solo aguanta, por favor.Traté de tomar aire, pero sentí un pinchazo frío que me cortó la respiración. Le miré a los ojos, tratando de enfocar su rostro entre la bruma que empezaba a rodearme.—No cont
Leer más