EMELY.Se quedó en silencio un momento, mirando a la chica del cuenco con una tristeza que me encogió el corazón.—Por eso morí aquella vez —continuó, y sentí el peso de milenios en sus palabras—. Cuando te arrebataron de mi lado en esa era de cuevas y selva, la luz se apagó para mí. Una loba sin su humana es solo un cuerpo vacío. Me dormí, Emely. No quería cazar, no quería correr, no quería existir en un mundo donde tus pies no pisaran la tierra.Acaricié sus orejas, sintiendo una lágrima correr por mi cara.—Esperé —dijo Kia, y sus ojos brillaron con una intensidad feroz—. Esperé miles de años en la oscuridad, rechazando a cientos de portadoras, cerrándome a cualquier otra alma que no tuviera tu aroma. Sabía que volverías. Sabía que el destino tendría que devolverte a la vida, y juré que solo despertaría cuando tus ojos se abrieran de nuevo. He cruzado el desierto del tiempo solo para encontrarte en este siglo, en este cuerpo.Me abracé a su cuello, ocultando mi rostro en su pelo. A
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