Alyssa apenas pudo darse una ducha y cambiarse de ropa cuando la puerta de su habitación sonó. Ella tardó unos cortos segundos en procesar lo que ocurría, pero logró reaccionar, al fin y al cabo, y abrir para ver quién la llamaba. Era Eros.– Alessandro está solicitando tu presencia ahora mismo.Eros se dio media vuelta y empezó a caminar por el pasillo, simplemente confiando que Alyssa le haría caso y empezaría a caminar detrás de él. Y ella lo hizo, solo que se regresó a la habitación primero por la última galleta de Carina que le quedaba.Alyssa terminó su galleta, sintiendo la mirada de reojo de Eros sobre ella.– ¿Qué? –Preguntó Alyssa después de un rato, harta de las evaluaciones exhaustivas y constantes que Eros hacía.– Nada –respondió Eros, encogiéndose de hombros y mirando de nuevo hacia el frente, el pasillo desolado–. Es solo que me doy cuenta que eres frágil: puedes ser ruda, matar gente y pelear bien, pero, en tu interior, eres una copa de cristal, frágil y delicada.– S
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