Sombras en el miradorEl viento nocturno soplaba con una hostilidad que parecía calar hasta los huesos. Julieta permanecía de pie frente a la fachada del restaurante, abrazándose a sí misma mientras sus hombros temblaban, no solo por el descenso de la temperatura, sino por la adrenalina residual de su enfrentamiento con Alexander. Cuando los faros del auto de Taylor iluminaron la acera, sintió que una parte de su ansiedad se disipaba, sustituida por un eco del pasado que se negaba a morir.Taylor bajó del auto con movimientos precisos. Al verla allí, tan pequeña bajo las luces de neón, su expresión se suavizó.—Hola —dijo él, acercándose.Julieta lo miró, y por un segundo, sus ojos la traicionaron, reflejando una devoción que los años no habían logrado erosionar. —Hola... —respondió ella en un susurro—. Siento mucho haberte llamado así, Taylor. Sé que no debí, que tienes tu vida, pero no sabía a quién más recurrir.Taylor le dedicó una sonrisa genuina, una que no usaba con sus cliente
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