El nido de las víboras
La suntuosa sala de la mansión Blackwood, con sus molduras de oro y sus retratos ancestrales, se sentía más pequeña que nunca bajo el peso de la paranoia. Flor caminaba de un lado a otro, el rítmico golpeteo de sus tacones de aguja contra el mármol resonando como una cuenta regresiva. Su rostro, usualmente una máscara de perfección quirúrgica, estaba descompuesto por un miedo primario.
Victoria Blackwood la observaba desde su sillón de orejas, sosteniendo una copa de cris