El Eco de las Promesas Rotas
Desde una mesa estratégicamente situada en la penumbra del restaurante, Taylor observaba la escena como quien mira un naufragio a punto de suceder. Su mirada no estaba fija en Elena, sino en la mujer que acababa de sentarse: Julieta. El tiempo pareció detenerse por un instante. Los recuerdos lo golpearon con la fuerza de un huracán; verla allí, con esa elegancia innata y esa mirada afilada, le removió sentimientos que creía haber enterrado bajo capas de indiferencia