—Entonces, ¿No me dirás lo que te pasa? —Diana trató de darle un beso y él la evadió. —Ya te dije que son ideas tuyas, estoy igual que siempre. Diana cruzó los brazos, sintiendo la mirada acusadora de Robert.Hubo un silencio incómodo entre ellos, ninguno se atrevió a pronunciar palabra. Ella necesitaba entender qué estaba pasando por la mente de Robert. Él parecía estar atrapado en sus pensamientos que no deseaba compartir. Robert, en su interior, luchaba con sus emociones.Su percepción sobre Diana, había cambiado; antes la veía como la mujer perfecta, comprensiva y amable.Ahora sentía que detrás de esa fachada había algo oscuro.“Hipócrita”, pensaba para sí mismo. “Ella nunca me dirá lo de la inseminación, si supiera que soy el hombre del que huye, ¿qué haría? En lugar de destapar sus propios sentimientos, optó por negar y esconderse tras una máscara de indiferencia. —Son cosas de la empresa, Diana —dijo, intentando sonar convincente. Diana frunció el ceño, escéptica. Rober
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