—Quiero que te sientas dueña y señora de está mansión.
Robert acaricia el vientre de Diana, ella le sonríe, felíz de haber regresado a la ciudad.
La dulce espera está más cercana, los futuros padres salen de compras.
—Mira estos mamelucos, los voy a pedir en verde.
—Mi amor, no me vayas a vestir a los gemelos iguales.
Diana se ríe y se acerca para darle un beso a Robert en los labios.
Muy cerca de allí, Sebastián los espía sin ser visto.
—¡Desgraciada! Esa felicidad te va a durar muy poco.
Yo