Sebastián y Yolanda habían decidido hacer una escapada a un nuevo café que había abierto sus puertas recientemente. La fama de sus deliciosos pasteles se había esparcido como pólvora, y ellos, siendo amantes del buen comer, no podían resistirse a la tentación.Sebastián, con su aire despreocupado, hojeaba el menú con una sonrisa. —Mi amor, me han dicho que este lugar tiene los mejores pasteles de la ciudad.—Es nuevo, veamos qué tan cierta es la fama— respondió Yolanda, con un gesto de desdén. Ambos se acomodaron en una de las mesas cerca de la ventana.En la cocina, Juana se afanaba en preparar platillos. El aroma de los pasteles recién horneados impregnaba el aire. Girasoles amarillos adornaban las mesas, haciendo del lugar un rincón acogedor y atractivo. Diana, se preparaba para atender a los clientes cuando de repente frenó al notar a las últimas personas que deseaban ver.Su ex marido, Sebastián, junto a Yolanda, no habían notado su presencia.Diana respiró hondo, tratando d
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