La habitación estaba iluminada solo por la tenue luz de una lámpara en el rincón, creando un ambiente íntimo a pesar de la tensión que aún flotaba en el aire. Francesco y Anabel se sentaron frente a la mesa de reuniones, mapas y documentos esparcidos ante ellos. Cada hoja representaba un movimiento estratégico, una ruta, un aliado potencial. La batalla contra Vincenzo estaba en marcha, y cada detalle contaba.Anabel se inclinó sobre el mapa, sus dedos recorriendo las rutas que habían trazado. Su mente estaba en sintonía con los planes, pero su corazón latía desbocado, impulsado por la adrenalina de la inminente confrontación. Francesco, a su lado, la observaba con admiración. Sabía que había algo más que la estrategia entre ellos, una atracción que siempre había estado latente, pero que ahora parecía cobrar vida en medio del caos.—Si logramos cerrar todas las rutas de suministro de Vincenzo, no tendrá otra opción que enfrentarnos —dijo Anabel, su voz firme, pero Francesco podía ver e
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