La sala que antes era un desorden de estrepitosas risas burlonas y comentarios mordaces, quedó suspensa en un silencio sepulcral.Eiden, al principio, no me correspondió. Mantuvo los labios tensos. Su cuerpo estaba como una estatua, incapaz de decidir por sí mismo. En vista de eso, esperé un empujón, una acción que desbordara la humillación, pero no hizo nada de eso. Al contrario, luego de que saliera por fin de su trance, subió las manos lentamente por mi cintura, uniendo la humedad de su boca con la mía.Lo que sentí fue mucho más inquietante que la situación misma. Un fuego ardiente subió desde mi vientre a mi pecho. Mis extremidades temblaron, presas de una sensación difícil de explicar. Me alejé de golpe, como si de repente el contacto me quemara. Respiré agitada. No me atreví a mirar a Zoe ni mucho menos a Ryan, cuyas risas habían desaparecido por completo.Salí corriendo hacia la salida, sin mirar atrás. Empujé la pesada puerta, lanzándome al exterior de la inmensa casa. Como s
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